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Año
2000 en México
Los
primeros días en México fueron muy extraños,
el reencuentro con mi familia, amigos y la ciudad, aparentemente
todo continuaba igual
menos yo. Mis padres y mi hermana
mayor no son devotos de Sai Baba, me parecía que los
tres me miraban muy expectantes y a la vez extrañados.
No sabían bien a bien qué había pasado
conmigo durante mi estancia en India y el porqué de
mi regreso tan repentino. ¿Cómo contarles, cómo
explicarles todo lo que me había pasado? Que me había
acostumbrado a comer con las manos, que ya no comía
ningún tipo de carne, ni tomaba alcohol. Que prefería
escuchar bhajans que rock. Que me levantaba a las 4:30 de
la mañana a hacer filas para mirar desde lejos a un
Señor vestido de anaranjado, al cual reyes y mendigos
llegan a ver todos los días con la esperanza de tan
sólo verlo pasar. ¿Cómo explicarles que
había vivido los momentos más dulces e intensos
de mi vida? Las cinco entrevistas. Que llevaba en mi dedo
un anillo de tres diamantes. Que prefería dormir en
el suelo. Que me sentía enferma pero que estaba en
perfecta salud. Que había sido el mejor tiempo de mi
vida. Que por tan sólo una mirada de Sai Baba lo haría
todo mil veces otra vez. Que lo único que quería
era regresar allá, a donde quema el sol, a donde personas
de todas las religiones, de todos los colores de piel, se
reúnen en el nombre del amor. Que había conocido
a Dios, que lo tuve frente a mí y que vive en la India.
Todo
cambió para mí, a veces tenía la sensación
de que era como una muñeca de trapo que había
cambiado de aparador. Los fantasmas de los miedos que había
experimentado en los últimos dos meses en el Nilayam
habían hecho todo lo posible por seguirme hasta México
y no se me despegaban ni un segundo. No dejaba de pensar en
Sai Baba. En cómo habían pasado las cosas en
Puttaparthi. En el inmenso dolor que había sentido
al separarme de la figura física de Sai Baba y en el
próximo curso en Tailandia. Nunca había estado
tanto tiempo fuera de México. Me sentía en un
mundo nuevo, tenía que adaptarme al horario, comida,
rutina, ambiente, clima, a todo. Me la pasaba todo el día
viendo televisión, lo cual fue todo un redescubrimiento,
pues durante mi estancia en India no tuve la oportunidad de
mirar este aparato que bien hacen en llamar la caja para los
tontos. Muy poco a poco me fui integrando a la dinámica
que implica vivir en una de las ciudades más grandes
del mundo, aunque prácticamente no salía y por
supuesto no manejaba el coche ni para ir a la tiendita por
cigarros. Recuerdo que salir a caminar sola por las calles
e ir al parque que queda a pocas calles de casa de mi mamá,
era un gran triunfo para mí. Sólo me sentía
segura si estaba con mi hermana Claudia o con mi mejor amigo
Toño. Todo era muy confuso. Claudia me recomendó
tomar una terapia, para poder platicar con alguien que fuera
neutral a mi familia y así lograr que mi adaptación
fuera menos difícil.
A
mediados de abril, continuaba preguntándome si en verdad
era buena idea ir a Tailandia a estudiar el curso de Valores
Humanos en mayo. Para ese entonces, mi Sadhana había
cambiado mucho, abandoné las prácticas de meditar,
hacer japamala, cantar bhajans y todo lo relacionado con asuntos
espirituales. Sólo hablaba por horas con Sai Baba en
mis oraciones, pues toda mi familia salía a trabajar
y me quedaba sola en la casa gran parte del día. Junto
al ruido de la televisión podía sentir Su presencia,
siempre ahí, acompañándome, como el más
fiel de los amigos.
Visita
al Doctor Hernández
A
finales de abril hice una valorización de cómo
en realidad me sentía en cuanto a mi adaptación,
después de no haber logrado socializar con mis fantasmas,
decidí que no me iba a dar por vencida, que tenía
que buscar opciones para salir adelante y fui a ver al Doctor
Hernández, quien es quizá uno de los hombres
más inteligentes que conozco. Excelente médico
psiquiatra, él me escuchó y explicó,
desde el punto de vista médico, muchos aspectos interesantes
de lo que me estaba pasando, de la adaptación y de
mis dos últimos meses en India. Después de una
revisión profunda de todos los aspectos involucrados,
me recomendó tomar ansiolíticos y antidepresivos.
Los cuales acepté, recuerdo que no de muy buena gana.
Hay
muchos prejuicios, la mayoría de las veces mal fundados
en cuanto a consultar a un psicólogo o psiquiatra y,
sobre todo, lo referente a tomar antidepresivos. Hoy en día
existen en el mercado productos de este tipo de origen natural
que también pueden llegar a ser una muy buena opción.
En mi caso en particular me ayudaron a tratar de no seguirle
el juego a la mente, en estar más tranquila para así
lograr acomodar mis pensamientos y sentimientos. Es posible
que no sea el mejor de los métodos y menos para alguien
que trata de seguir un camino de espiritualidad, pero en esos
momentos tan difíciles sólo podía pensar
en estar bien para poder continuar mi vida.
Sobre
los miedos y la depresión
Las
razones del por qué se dan los sentimientos de miedo
y depresión pueden ser muy variados, como por ejemplo:
no querer enfrentar la vida, los asuntos no resueltos con
personas o situaciones, baja autoestima, sentimientos de no-pertenencia
y soledad, entre muchos otros. En mi caso creo que fue un
poco de todo.
Aprendí
mucho de la situación y saqué como conclusión
que la depresión es un enojo que está estancado
en uno mismo y se manifiesta por no lograr vencer el propio
miedo, que después degenera en cuestiones físicas,
como malestar general y sueño, entre otros síntomas.
Ambos son juegos de la mente. Muchas veces uno puede ser el
peor enemigo de sí mismo. Por eso es necesario aprender
a dominar los sentidos y la mente, para no volverse esclavo
de uno mismo. Imaginemos que el cuerpo es una gran mansión,
que la conciencia es el amo y la mente el sirviente. Si el
amo se descuida por un momento, el sirviente comenzará
a vaciar la despensa, a dormir en su cama y hasta a fumarse
sus puros. La mente está a nuestro servicio, nosotros
somos los amos, depende de cada uno lograr que la mente se
convierta en aliada y no en enemiga.
Estaba
haciendo lo que consideré más correcto para
mí en ese momento: comencé el tratamiento y
la terapia y dejé los resultados en manos de Sai Baba.
Al final de cuentas las cosas son del color del cristal con
el que se miren y yo veía en aquellas pastillas de
colores uno de los tantos métodos que tenía
Dios para ayudarme. Recuerdo que nunca dejé de orar
a Sai Baba para que me ayudara a quitar todos estos fantasmas.
Ese era mi Sadhana: hablar con Dios, tomar dos litros de agua
con Vibuthi y hacer un gran esfuerzo.
"Primero
tengan fe en sí mismos. Fortalezcan la fe en sí
mismos. Donde hay fe hay Amor. Donde hay Amor hay verdad.
Donde hay verdad está Dios. Donde hay verdad habrá
paz. La paz no existe separadamente en este mundo. La paz
está en ustedes, la verdad está en ustedes,
el Amor está en ustedes y el mundo entero está
en ustedes."
Divino Discurso por
Bhagavan Shri Sathya Sai Baba
En Latur (Sin fecha)
Antes de que terminara el mes de abril, escribí un
mail a la escuela de Tailandia, explicándoles que por
razones de salud me veía en la necesidad de cancelar
mi participación en el curso de mayo. Tomar esta decisión
no fue nada fácil, pero de cierta manera me dio tranquilidad.
Para mediados de mayo el tratamiento daba resultados positivos
y me animé a ir al Centro Sai Baba, aquel donde aparentemente
había empezado toda esta maravillosa travesía,
a la que mi Abuela María asistía. Aunque me
sentí tranquila, no logré adaptarme muy bien,
lo visité muy pocas veces en ese año.
El reencuentro con los fantasmas del pasado
En
el mismo mes de mayo recibí una invitación para
asistir a una fiesta en Cholula - Puebla, donde estudié
la Universidad. Volvería a aquel pueblo tan lleno de
recuerdos que convertí en el cielo y, a la vez, en
el infierno. Donde viví sola por primera vez y aprendí
mucho sobre el significado real de la palabra "libertad".
Donde conocí todos los excesos que mi corazón
pudo aguantar. Donde jugué tochito bandera, (foot-ball
americano femenino). Debuté como actriz. Fui mesera
de un bar, maestra rural y cantante de rock. Donde tuve mi
primer encuentro con la marihuana. Donde comencé a
aprender a valerme por mí misma, a abrir mis brazos
a la amistad, a apreciar a la familia. Volvería a aquel
lugar donde, una tarde, podríamos decir que de aburrimiento,
tomé entre mis manos por primera vez un libro de Bhagavan
Sri Sathya Sai Baba.
Aproximadamente
dos años antes de viajar a India abandoné por
completo el consumo de marihuana, la cual fumaba muy esporádicamente,
y durante mi estancia en India, tuve la oportunidad alejarme
del vicio del alcohol. Mi adicción por el alcohol sí
que era grande, podía tomarme medio litro de tequila
sin perder el estilo. En el tiempo de la Universidad los días
para salir de fiesta con los amigos eran los jueves, pero
yo seguía la fiesta hasta los domingos y también
algunos días entre semana. Muy contrariamente a lo
que se puede pensar, mis calificaciones no eran tan malas.
Nunca he sido una excelente alumna, pero aprobaba mis materias,
de manera muy mediocre, pero las aprobaba.
Después
de los tiempos de la Universidad, varios amigos míos
tomaron la opción de asistir a alcohólicos y/o
adictos anónimos. Son personas muy valientes y comprometidas
con ellos mismos y sus familias, pues se necesitan muchas
agallas para quienes quieren cambiar realmente su vida, para
enfrentarse a uno mismo y no dejarse vencer por ninguno de
los retos que la vida presenta. Ellos son un constante ejemplo
para mí, merecen toda mi admiración y respeto,
porque han sabido salir adelante con la frente muy en alto.
Uno de ellos construyó un lugar donde se recibe y da
terapia a personas con este tipo de adicciones. El servicio
social que realiza esta persona es extraordinario, porque
aparte de poner los medios económicos para que este
proyecto subsista, pone el corazón.
Yo decidí no asistir a este tipo de sesiones pues tenía
la certeza de que el momento en mi vida para dejar los vicios
llegaría más temprano que tarde. En ese tiempo
pensaba que existían dos caminos en la vida: uno "bueno"
y uno "malo", sabía que estaba en el "malo"
y la verdad es que decidí quedarme ahí. De cierto
modo, quería ver y aprender todo lo posible de ese
lado de la moneda. Los tiempos y procesos cambian, todo cambia,
nada dura y sabía muy en el fondo de mi alma que de
una o de otra manera, en ese tiempo estaba aprendiendo algo.
Cuando llegué a India y conocí más a
fondo la filosofía de Sai Baba y la Religión
Hindú, pude entender que aquellos tiempos no fueron
en vano.
Las
adicciones son padecimientos con los que se tiene que luchar
toda la vida. En mi caso únicamente el inmenso amor
y confianza que sé que Sai Baba me tiene y el que yo
le tengo, me ayuda a vivir mi vida alejada del alcohol y las
drogas. Él es la única razón que le da
sentido a mi vida. Porque si de algo estoy muy orgullosa hoy
en día es de poder decir que soy un Ser Humano que
sigue la filosofía Sai y que basándose en ella
trata todos los días de ser mejor persona.
"El
hombre no puede ser llamado un ser humano a menos que practique
los valores humanos de la Verdad (Sathya), la Rectitud (Dharma),
la Paz (Shanti), el Amor (Prema) y la No Violencia (Ahimsa).
Son como los cinco alientos vitales del hombre. La ausencia
de esos aires vitales es igual a una muerte viviente. Cada
uno es responsable de su propia caída. El hombre se
mata a sí mismo al no practicar estos valores humanos."
Divino Discurso por
Bhagavan Shri Sathya Sai Baba
Sai Kulwant, Prashanti Nilayam
Mahashivaratri, 12 de marzo de 2002
Por ser socialmente permitido, el alcohol es un enemigo muy
infame, al cual los medios de comunicación le dan siempre
la bienvenida con los brazos abiertos. Utilizando máscaras
de colores se vende, tanto a jóvenes como adultos,
una supuesta realidad. Los jóvenes estamos expuestos
constantemente a todo este tipo de publicidad que no hace
otra cosa que engañar a nuestros sentidos. Se nos vende
una forma de vida totalmente irreal. Pienso que es necesario
educarnos de manera diferente para el contacto con los medios,
y proteger así nuestra identidad. La falta de amor,
el temporal olvido de los valores humanos y la presión
social, lleva a los jóvenes a buscar puertas falsas.
Todos estamos expuestos a este monstruo de mil cabezas, sin
embargo el día de hoy, tengo la certeza de que todos
somos guerreros con las armas suficientes para acabar con
él.
En
India tuve la oportunidad de conocer a una chava, gran amiga
mía hasta la fecha, que llegó a ver a Sai Baba,
después de unos meses de recuperación pues la
habían declarado clínicamente muerta por sobredosis
de cocaína. Muy contrario a como la pudo ver la sociedad,
Sai Baba la recibió con el cariño de la Madre
más amorosa. La protegió. Le devolvió
la seguridad en sí misma. Le dio un rumbo nuevo a su
vida. Le recordó sus valores y le hizo sentir que Él
era su mejor amigo. Cuando ella regresó a México
llevaba en su maleta todas las bendiciones, el amor para comenzar
una vida nueva y dos entrevistas.
Y
ya en la fiesta
Me
encontré con algunos viejos compañeros de parranda,
por momentos tuve la impresión que el tiempo se había
detenido, que nada había cambiado pues el escenario
era igual, el ambiente, toda la banda ahí reunida,
la música, la energía. Hubiera podido jurar,
que eran los mismos vasos y el mismo hielo. Lo más
desesperanzador de todo esto, es que no éramos los
mismos actores. El escenario es igual, el alcohol y la droga
es la misma, todo parece estar puesto para que generación
por generación los jóvenes vayan llegando, y
la historia se repita una y otra vez. En esta fiesta había
jóvenes entre los 19 hasta los 35 años aproximadamente.
Todos, sin excepción, tomando alcohol, consumiendo
alguna droga o ambas cosas. Al final no importa lo que haya
pasado, sino las razones de que esto siga ocurriendo.
¿Qué
es lo que nos hace falta? ¿Por qué en un momento
u otro de nuestras vidas, la mayoría de nosotros cruzamos
este desierto donde no sale el sol? ¿Por qué
decidimos detenernos en un paraje lleno de espinas, del cual
no todos salimos vivos? Entiendo muy bien que los Seres Humanos
necesitamos divertirnos, experimentar y alguna que otra vez
llegar a nuestros propios límites, pero la travesía
no necesariamente tiene que ser dolorosa ni autodestructiva.
Hay muchas opciones, por ejemplo: ¡vámonos al
campo, a tener contacto con la naturaleza, con el pasto y
los sabios árboles! Vamos a aprender a escuchar el
viento, a quedarnos callados para descubrir nuestra voz interna,
a olor las flores, a contar estrellas, a dibujar princesas
y castillos en la tierra. Vámonos regresando a esos
tiempos donde la única computadora era la misma mente
creativa. A donde brillaba el sol y las personas hablaban
cara a cara con Dios. El tiempo pasa una sola vez en la vida,
cada momento es único y hay que saber aprender a vivir
de la mejor manera, sin lastimar los corazones.
La
presencia de Sai Baba me acompañó a la fiesta,
ahí estaba Él, en medio de todo eso, siempre
conmigo, guiándome, protegiéndome y mostrándome
una realidad que pasa en estos días y que parece ser
un secreto de voces calladas.
Muy
contrario a lo que creí, muchos de mis virulentos fantasmas
del pasado se quedaron junto con los vasos y los hielos de
la fiesta. La visita a Cholula me dio nuevos bríos
para continuar con la jornada de mi vida, me sentí
más fuerte y de cierta manera más tranquila
y feliz porque supe estar de vuelta en el fuego sin quemarme,
porque aunque esté en medio del mismo infierno, tengo
la certeza de que Sai Baba está conmigo.
"Aquellos
que desean alcanzar la divinidad, no deben nunca tocar cosas
impuras. Deben siempre comer alimentos puros y sátvicos
como los vegetales, las hortalizas de hojas verdes, etcétera.
Nunca deben consumir cosas impuras como huevos, carne, y otras.
También deben mantenerse alejados completamente de
las bebidas intoxicantes y de las drogas. Al consumir tales
productos, todos sus órganos sensorios serán
paralizados. El alcohol no es en absoluto conducente a la
práctica espiritual. En la práctica espiritual,
uno debe alcanzar el nivel del éxtasis por medio de
un proceso natural, no por métodos artificiales como
las drogas y el alcohol. Todo lo relacionado con la Divinidad
viene por medio de un proceso natural."
Divino Discurso por
Bhagavan Shri Sathya Sai Baba
Clausura de la Conferencia Internacional de Seva
Sai Kulwant, Prashanti Nilayam, 23-07-2002
Fin de mayo del 2000
Comencé
a trabajar de nueva cuenta, tenía ante mí el
enorme reto de aplicar lo que había aprendido en los
diversos cursos y conferencias a los que asistí en
India, pero sinceramente, mi objetivo principal era reunir
dinero para regresar a Prashanthi Nilayam con Sai Baba. El
tratamiento del Dr. Hernández y la terapia, me había
hecho muy bien, mis fantasmas cada vez tenían piernas
más cortas y había salido victoriosa del reencuentro
con los viejos tiempos.
La
experiencia en el trabajo fue muy enriquecedora. Mi actividad
consistió en dar cursos de desarrollo empresarial,
los cuales diseñé sobre la base del sistema
educativo de Sai Baba. Los resultados fueron muy positivos
para las personas de la empresa y también para mí.
Por
estos días volví a leer el fabuloso libro sobre
la vida y milagros de Sri Sai Baba de Shirdi, pero esta vez
lo hice como una ofrenda a Dios. Quería agradecerle
que el tratamiento fuera progresando y rogarle que me llevara
de nuevo a India con Él.
Siempre
he tenido la certeza de que el amor de Dios por los Seres
Humanos es como el de una Madre por sus hijos, las madres
siempre van a querer a sus hijos, hagan lo que hagan y sean
como sean, pero, ¿qué tal si la niña
o el niño lleva buenas calificaciones a casa, hace
sus tareas y se lava los dientes antes de acostarse? La madre
va a ponerse aun más feliz con sus hijos. El amor de
los hijos por su madre los lleva a realizar acciones que por
muy pequeñas que parezcan mantendrán la armonía
y comunicación entre ambos. De manera similar, veo
el hacer una ofrenda a Dios, sea la que sea, como ofrecer
una oración sincera, una flor o un vaso de agua, si
ésta se hace con el corazón puro, lo más
seguro es que Dios se pondrá aún más
feliz con nosotros, sus hijos.
"¿Qué
es lo que tienen para ofrecer a Dios? Nuestros antecesores
solían orar de este modo: "Oh Señor, Te
ofrezco el corazón que Tú me has otorgado. ¿Qué
más puedo ofrecer a Tus Pies de Loto? Por favor acepta
mis salutaciones llenas de devoción".
(Poema
telugú)
"El
corazón que Dios les ha otorgado debe ser regresado
a Él tal como es: puro y sagrado. Ésta es la
ofrenda que Dios espera."
Divino Discurso por
Bhagavan Shri Sathya Sai Baba
Sai Kulwant, Prashanti Nilayam
Festival de las Padukhas
Octubre 1 de 1999
Segundo
viaje a India.
En los últimos días del mes de julio, sentía
que una gran fuerza, como la de un imán, me regresaba
a India. Por momentos tenía la sensación de
que mi ser se había partido en dos, mitad en México,
mitad en India. Quería con todo mi corazón regresar
ante la presencia física de mi Patrón y Maestro,
de mi Sai Baba. Simplemente sabía que tenía
que regresar. Para mediados de agosto ya tenía mi boleto
listo. Cuando participé a mi familia mis planes, me
llevé una enorme sorpresa cuando escuché a mi
mamá decirme:
--Yo voy contigo.
El 15 de septiembre salía de nuevo rumbo a India.
En
1999, me enteré que se planeaba realizar la Conferencia
Mundial de Educación Sai en septiembre del año
2000. En ese mismo momento recuerdo que le oré a Sai
Baba con todas mis fuerzas, pidiéndole que me diera
la gracia de poder asistir. Swami me dio la bendición
de poder participar como delegada de México.
Peregrinación
al pueblo de Shirdi
Otra
petición muy especial que había hecho a Sai
Baba en 1999, era la de poder ir algún día de
peregrinaje al pueblo de Shirdi, ubicado aproximadamente a
8 horas en taxi de Bombay y sí, fue otro regalo más
que me concedió, puesto que nuestra primera escala
en India era Bombay.
En
Bombay, mi mamá y yo tomamos un taxi rumbo al pueblo
de Shirdi. Mi mamá es una mujer increíble, le
encantan todo lo que sean viajes y paseos. Y a pesar de no
ser devota de Sai Baba, me acompañó con todo
el cariño y respeto hacia mis creencias. Recuerdo que
yo iba emocionadísima, llena de devoción, amor
y contento, por fin iba a ver el pueblo de la primera encarnación
sobre la tierra de Sathya Sai Baba. El lugar donde vivió
aquel extraordinario personaje de barba blanca, dulce como
la miel y fuerte como el mar, a quien amaba profundamente
y en el cual he podido encontrar toda la ternura y seguridad
que mi corazón necesita.
Llegamos
a Shirdi al anochecer y buscamos un hotelito para dormir.
Al día siguiente otra vez volví a ajuariarme
lo más que pude, como la primera vez que me arreglé
para ir a conocer en persona a Sathya Sai. Me puse un hermoso
panjabi blanco con hilitos dorados, pues en esta ocasión
conocería el Sagrado Mandir de Shirdi.
Cuando
entré al Mandir, lo encontré casi desierto,
caminé por entre unos andamios que seguramente sirven
para cuando hay mucha gente, bajé unas escaleras y
crucé otros andamios, no sabía con certeza si
estaba siguiendo el camino correcto, sólo dejé
que mis pasos me guiaran, de repente, frente a mí,
apareció majestuosamente la tumba de mármol
blanco de Sri Sai Baba de Shirdi.
Me
detuve y observé todo. Estaba ahí. Otro sueño
se hacía realidad. La Tumba estaba siendo arreglada
por los Puyaries encargados y una pequeña fila de personas,
todos hindúes, esperaba para hacer sus salutaciones.
No sabía exactamente lo que se tenía que hacer
y me fijé en como se conducían las personas
de la fila que iba avanzando. Noté que se inclinaban
ante la loza de mármol blanco que cubre el Samadhi
y que en un extremo tiene los pies de Sai Baba en relieve.
Cuando llegó mi turno de estar frente a la Tumba, me
incliné ante la loza, y puse mi frente sobre aquellos
piesecitos blancos. En este momento, claramente escuché
en mi cabeza que alguien me decía en español:
--¿Qué haces aquí, si nos vamos a ver
al rato?
Me
incorporé rápidamente muy sorprendida, lo primero
que vi ante mí fue la cara de uno de los Puyaries,
quien me regalaba una muy dulce sonrisa. Me quedé muy
extrañada de lo que había escuchado y después
de reflexionar por unos momentos caí en la cuenta de
que era Sathya Sai Baba quien recibía mis saludos y
me confirmaba la invitación a Prashanthi Nilayam para
asistir a la Conferencia.
Después
de esperar casi un año y de viajar más de 8
horas en taxi, estuve dentro del Mandir no más de 15
minutos. Salí llena de bendiciones y con una emoción
inmensa. Cuando me encontré con mi mamá --quien
había decidido esperarme afuera--, me preguntó
sorprendida:
--¿Qué paso? ¿Por qué tan poquito
tiempo? -entonces la abracé y le dije:
-- Ya vámonos, ya terminé de hacer lo que vine
a hacer.
Al día siguiente regresamos a Bombay para tomar el
avión que nos llevaría a Puttaparthi, rumbo
a casa de mi Señor, que ya tenía por cierto
que me estaba esperando.
Tener
la oportunidad de llegar a un lugar sagrado de peregrinaje,
sea de la religión que sea, en cualquier parte del
mundo, lo considero realmente una bendición. Uno tiene
la oportunidad de hacer una ofrenda especial a cualquiera
de los nombres y formas de Dios, de visitarlo en cualquiera
de Sus casas. Es importante recordar que se le debe respeto
a estos lugares que definitivamente no son sitios turísticos,
sino una invitación muy especial al recogimiento y
meditación.
De
nuevo en Puttaparthi
Volver
a pisar el suelo sagrado del Sai Kulwant Hall de Prashanthi
Nilayam fue para mí como cruzar la puerta del tiempo.
Sentí que atravesaba un campo de energía lleno
de felicidad. Cuando volví a ver a Sai Baba otra vez,
caminando desde Su casa rumbo al Hall para darnos Su Darshan,
las lágrimas se escaparon de mis ojos. Él siempre
tan Majestuoso y lleno de paz. Confirmé que Él
es toda mi felicidad y mi vida, que no importaba el supuesto
dolor de los procesos, ni el tiempo, ni los fantasmas, ni
los miles de kilómetros que hay que recorrer para llegar
a verlo físicamente, lo único que importa es
el poderosísimo imán de Su amor.
Después
de tener el Darshan de Swami, de instalarnos dentro del Ashram
y de haber realizado mi registro para la Conferencia, no dejaba
de sentirme extraña conmigo misma, francamente por
un momento, pensé en la posibilidad de regresar a México,
pero me quedé ahí, tenía muchas preguntas
para Sai Baba, como por ejemplo: ¿Por qué me
había mandado a llamar de nuevo? ¿Qué
era lo que realmente estaba haciendo yo ahí?
Tenía
la impresión de que la Conferencia de Educación
era tan sólo un pretexto para que yo regresara, era
algo así como enseñarle un dulce a un niño
para que se tome la medicina y bueno, después de todo,
Sai Baba es mi Doctor de cabecera y caí en Su dulce
engaño, me dejé atrapar pero sabía que
iba a tener que tomar la "medicina". Muy dentro
de mí sabía que algo iba a ocurrir en el largo
proceso que empezó ahí mismo en una pequeña
habitación de la calle de Samadhi hacía aproximadamente
ocho meses. Sabía que ir a ver a Sai Baba de nuevo
significaba el principio de vivir una especie de crisis curativa
y de cierta manera sentía miedo al dolor de esta etapa.
Por más contradictorio que parezca, el saber que tenía
mi boleto de regreso en un mes y diez días me daba
mucha tranquilidad.
Como
pasó la primera vez que llegué a Prashanthi
Nilayam en 1999, tuve una gripa muy fuerte que duró
casi un mes. Quien estuvo perfectamente de salud y de ánimo
todo el tiempo fue mi mamá, quien no dejaba de salir
a caminar todos los días por Puttaparthi.
Volví
a ver a muchas de las personas que viven en Puttaparthi y
con las cuales había convivido en 1999. Nada parecía
haber cambiado, los horarios, la comida, el sol brillante
y los hermosos atardeceres donde se puede escuchar las plegarias
musulmanas junto con el revolotear de diversas especies de
pájaros que regresan a sus árboles mientras
cae la tarde, era como si el tiempo se hubiera detenido.
Durante
y después de la Conferencia
El
25 de septiembre, un día después de haber comenzado
la Conferencia, cuando Sai Baba salió para darnos Su
Darshan, caminó sobre Su alfombra roja y no se detuvo
en Su recorrido hasta llegar adonde yo estaba sentada. Se
paró frente a mí. Me miró. Se quedó
pensando y Me volvió a mirar. En ese momento le extendí
mi mano con las cartas que llevaba de México. Él
las tomó con un suave toque de majestad. Sólo
unos segundos bastaron, sólo una mirada para que mi
corazón despertara ante todo ese amor y energía,
me sentí vigorizada, me sentí feliz. Fue el
mejor de todos los momentos desde que había dejado
Puttaparthi en febrero. Su mirada fue tan profunda y tierna
que no la podría explicar con palabras. Me sentí
más que feliz. En ese momento fuimos cómplices
y amigos, fuimos Uno, fuimos lo que nunca hemos dejado de
ser: Inmenso mar y gota de agua, corazón y sentimiento.
Maestro y discípula. Sentí que empezó
a curarme de todos mis miedos, que reanudábamos el
pacto de vivir la vida juntos y que Él nunca me había
olvidado.
Durante
la Conferencia tuve la oportunidad de presentarme con la encantadora
dama de la escuela de Tailandia con la que había estado
en contacto para los trámites de mi posible ida a estudiar
con ellos. Me presenté con ella y aproveché
la oportunidad para agradecerle todas sus atenciones y gentilezas
para conmigo.
El
29 de septiembre terminó exitosamente la Conferencia.
Aprendí muchas cosas nuevas y maravillosas sobre el
arte de educar. Asistir a las distintas conferencias y talleres
era como una terapia que me ayudaba a mantener mi mente ocupada,
lejos de los virulentos fantasmas, los miedos y sentimientos
extraños. Ese día vi cómo dos sueños
se hacían realidad, cada uno a su tiempo y con su proceso,
pues ese mismo día también terminé con
parte del tratamiento del Doctor Hernández.
Después
de la Conferencia, el 3 de octubre festejamos mi cumpleaños
en un restaurante tibetano, en la calle Chitravathi, mi mamá
encargó un delicioso pastel de plátano en la
cantina occidental y asistieron amigos muy queridos de muchas
partes del mundo. Fue el segundo cumpleaños que pasé
en Puttaparthi. Ese fue mi mejor regalo. Para ese día,
le pedí como regalo especial a mi mamá, que
me acompañara a Darshan, lo cual aceptó bajo
la promesa de no hacer filas. Conforme pasaba el mes mí
mamá fue tomando un gusto muy especial por los bhajans,
ya para el final del viaje, ella era la que me decía:
--¿Qué no vamos a ir a los cánticos?
Para
mediados de octubre me sentía un poco mejor de ánimo
aunque seguía con aquella terrible gripa. Día
con día iba descubriendo más aspectos interesantes
de la relación con mi mamá, pues generalmente
no pasamos mucho tiempo juntas. Tuvimos la oportunidad de
pasear, platicar y compartir, de vez en cuando salíamos
del Ashram para ir al restaurante italiano y comer lasaña
o spaghetti al pesto y para que ella se tomara su café.
En las noches discutíamos una que otra vez por prender
o no el ventilador. Dicen los que saben que la relación
madre e hija es una de las más karmáticas que
hay. Puede que sea verdad, pero ya que está en nuestro
camino es preferible aprender a llevarla de la mejor manera
y con mucho amor. Sai Baba nos dice que el amor por los padres
es antes que el amor por Dios.
El
Tratamiento Ayurvédico
Un
día me desperté queriendo acabar de una vez
por todas con aquellos sentimientos de miedo, confusión
e ira. Estaba realmente enojada conmigo misma por estar viviendo
esta situación, tenía que buscar todas las opciones
que hicieran posible mi total recuperación. Entonces
decidí ir a ver a un excelentísimo Doctor ayurveda
, quien tiene su clínica en las afueras de Puttaparthi,
recuerdo que después de escuchar mis síntomas
con toda atención, se quedó pensando por un
momento y dijo:
--"Esa depresión no tendría por qué
estar ahí". Y me recomendó un tratamiento
a base de hierbas.
Comencé
el tratamiento de 10 días y realmente cada uno de ellos
fue muy difícil, pues me costaba mucho trabajo ir diario
a la clínica a la cual mi mamá me acompañó
para apoyarme hasta el final.
Un
recuerdo muy bonito que tengo de estos días fue que
conocí a una encantadora pareja de ecuatorianos que
iban también todos los días en las mañanas
por un tratamiento. Al notar mi constante mal humor, recuerdo
que aquel Señor de Ecuador me dijo algo que no he podido
olvidar y que me hizo comprender que tenía que ser
paciente en este proceso:
--Curándote tú, se cura a la Humanidad entera.
Sus
palabras fueron un consuelo que siempre agradeceré.
Él me recordaba que somos parte de un todo, una de
las células que conforma el corazón de la Madre
Tierra y que si no hacemos el esfuerzo por salir adelante
con amor, no podremos ser de gran ayuda para lograr que el
mundo cambie. En aquellos momentos comprendí que no
importa lo difícil de una situación, siempre
habrá una oportunidad de aprender algo bueno, en lo
más oscuro de la noche siempre podrás encontrar
una estrella.
La
fuerza y amor de una sola persona puede cambiar al mundo,
todos somos piezas claves en este enorme rompecabezas. Hay
muchos ejemplos de grandes mujeres y hombres que han hecho
de sus vidas un verdadero milagro, como por ejemplo la Madre
Teresa de Calcuta, mujer delgada y frágil, pero con
una voluntad de hierro y un corazón de oro, ella nos
enseñó lo que una sola persona puede hacer.
Regalar una sonrisa, plantar un árbol, tender una mano
para ayudar, no necesariamente tiene que ser con dinero sino
en la acción de dar, teniendo la certeza en corazón
y mente que las cosas sí pueden cambiar. El poder del
amor lo puede todo. ¿Cómo será el día
en que demos nuestro amor para cambiar al mundo?
"La
velocidad del amor puede dar la vuelta al universo en un minuto"
Bhagavan Sri Sathya Sai Baba
Recuerdo
que en los trece meses que duró mi primer viaje, sólo
falté tres veces a Darshan, pero en este segundo con
frecuencia faltaba. Durante los días que duró
el tratamiento dormía mucho, me sentía tan cansada
que no podía bajarme de la cama. Este letargo duró
el resto del viaje, el levantarme de la cama y hacer cualquier
actividad, como ir a Darshan o a cantar bhajans, incluso ir
a la cantina para comer era todo un triunfo. Sólo le
decía a Sai en mis oraciones:
-- Por favor Patrón, perdóname, no voy a ir
a Tu Darshan, permíteme tenerlo desde aquí,
Tú estas en todas partes
¡Ah!, por favor
no vayas a dar entrevista.
Apapachando a la fiera
A
finales de octubre llegó a Prashanthi Nilayam una encantadora
Señora, quien es muy amiga de mi Abuela María,
con quien compartió muchos de sus viajes a India para
ver a Sai Baba. Mi encuentro con ella fue muy importante,
pues tuve la oportunidad de platicarle todo lo que me había
pasado en el año, el cómo cargaba sobre los
hombros mis miedos y fantasmas. Ella me ayudó mucho,
me consoló y me hizo saber que no era la única
persona que tiene este tipo de procesos cuando se inicia el
camino espiritual. Entre otras cosas me aconsejó mantener
mi mente ocupada haciendo meditación y utilizando el
japamala. Me explicó que dentro de cada uno de nosotros
vive una "fiera", y que es nuestro trabajo el "apapacharla"
con amor para convertirla en nuestra aliada.
Después
de este encuentro decidí tomar las cosas con más
calma, poco a poco me fui sintiendo mejor. Sinceramente fue
un alivio saber que no era la única en vivir esta clase
de procesos. Después de un mes y diez días llenos
de momentos maravillosos gracias a Sai Baba y de avances muy
difíciles también gracias a Sai Baba, comenzamos
a preparar nuestra partida del Nilayam. Regresamos a México
en noviembre con un gran paquete de aventuras, experiencias
y recuerdos. Para diciembre del año 2000, gracias al
tratamiento del Doctor Hernández, del Doctor Ayurveda,
a la terapia y al amor que con una mirada me dio mi amado
Doctor de cabecera, mi dulce Sai Baba, me sentía mil
veces mejor. De nueva cuenta todo volvió a cambiar.
A fin de año no festejé que llegara uno nuevo,
sino que se terminara uno viejo.
"Pueden hacer que Dios se aparezca delante de ustedes
cuando tienen una fe y devoción inquebrantables anudadas
a un corazón firme y puro. He aquí un ejemplo.
Cortan la leche y extraen la mantequilla, y luego ésta
la calientan para obtener mantequilla clarificada. Si hay
algo de agua en la mantequilla, emitirá un mal olor
al calentarla. El olor disminuirá paulatinamente al
seguir calentándola. Mientras haya agua en la mantequilla,
no pueden escapar al mal olor. El agua tiene que evaporarse
por completo. La mantequilla representa la naturaleza individual.
Las malas tendencias en ustedes pueden ser comparadas al mal
olor. Cuando hacen esfuerzos por derretir completamente la
'mantequilla', el 'mal olor' irá desapareciendo gradualmente.
Cuando un hombre hace prácticas espirituales, el mal
olor de las malas propensiones emana de él durante
el proceso. Él debe continuar con su práctica
y superar esas malas tendencias. Al proseguir en sus prácticas,
todas las malas tendencias en él se evaporarán
como agua. Finalmente, su práctica producirá
el resultado deseado como la pura mantequilla clarificada
que se obtiene al calentar la mantequilla."
Divino Discurso por
Bhagavan Shri Sathya Sai Baba
Cumpleaños 74
Prashanti Nilayam, 29 de septiembre de 1998
Año
2001
El
año comenzó con nuevos bríos. Recuerdo
que me sentía muchísimo mejor, los tiempos de
compartir el pan y la sal con los fantasmas virulentos había
terminado. Mi fe y confianza por Sathya Sai Baba seguía
creciendo día con día. El tratamiento con los
antidepresivos duró aproximadamente seis meses, seguía
tomando unas gotas de ansiolítico y continuaba con
una terapia alternativa con una brillante mujer, quien me
ayudó muchísimo en el 2000 y parte del 2001.
"Debido
al mundo material y a los placeres sensuales ustedes se sienten
miserables. Deberían mantener la ecuanimidad en la
ganancia y la pérdida, en la alegría y la aflicción.
Nuestra mente es la responsable del placer y el dolor. Cuando
nuestros deseos no se cumplen estamos tristes. Cuando se cumplen
se sienten dichosos. Jamás se sometan al placer y al
dolor."
Divino Discurso por
Bhagavan Shri Sathya Sai Baba
En Latur (Sin fecha)
A buscar trabajo
Después de haber asistido a la Conferencia sobre Educación
Sai, estaba decidida a buscar un trabajo que me permitiera
seguir aplicando lo aprendido. Hice contacto con varias instituciones
educativas de prestigiado nombre en México, pero no
tuve suerte, ninguna de ella conocía el método
de enseñanza de Valores Humanos y aparentemente no
estaban muy interesadas en abrirse a esta supuesta "caja
de Pandora". Pude confirmar que también a estos
niveles existe una especie de miedo a lo nuevo, a cambiar.
Gracias a Dios he podido ser testigo de cómo tanto
las personas como las instituciones que abren sus puertas
al cambio, siempre encuentran respuestas positivas, específicamente
cuando se trata del método de enseñanza Sai
Baba.
Para finales de enero comencé a pensar que era muy
posible que Sai Baba me llamara de nuevo puesto que no encontraba
trabajo estable y mis ganas de regresar con Él a India
aumentaban a cada paso que daba. A principios de febrero compré
mi boleto para regresar a India, para el que sería
mi tercer viaje. De nueva cuenta no sabía con exactitud
lo que me esperaba, siempre existe esa maravillosa incertidumbre
que te invita a la aventura, a buscar caminos que te lleven
a querer ser mejor cada día. No importa cuántas
veces se haya ido a ver a Sai Baba, ni el tiempo que se esté
allá, ¡vamos!, ni siquiera que dentro de Prashanthi
Nilayam se realicen las mismas actividades a la misma hora,
todos los días son increíblemente iguales, pero
aunque parezca contradictorio, todos son extraordinariamente
diferentes puesto que siempre habrá una persona nueva
que conocer, un sentimiento o un aprendizaje esperando coincidir
contigo.
Sabía
que quería estar en India, la cual considero como mi
segunda casa, con mi Sai Baba, pero esta vez estaría
por menos de un mes, pues francamente tenía un poco
de miedo de cómo me iba a sentir allá con respecto
a todos los procesos que viví en el 2000. Recuerdo
que pensaba: sólo pocos días, porque El Señor
y yo trabajamos muy duro cuando estoy allá.
Como
siempre, comuniqué mis planes a mi familia y me llevé
una sorpresa al saber que mi prima María había
decidido ir conmigo. Ella es la segunda persona que me había
hablado de Sai Baba, que me había dicho que Él
es Dios que bajó a la tierra a predicar con el ejemplo
del amor.
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